Goleador 93 veces en 131 partidos con la selección de Bélgica, Romelu Lukaku tiene un don sobre la portería contraria, impactante incluso en su temporada más compleja y revitalizado en el Mundial 2026 como un revulsivo desde el banquillo infalible, capaz de crear cuatro goles desde la suplencia.
Condicionado por un curso marcado por los problemas físicos, con hasta 44 partidos de baja entre su club y su selección, pero capaz de llegar al Mundial y ser crucial para el grupo dirigido por Rudi García, el atacante ha provocado un gol y ha anotado otros tres cuando surgió desde el banquillo para ser el máximo anotador belga en el Mundial 2026, camino de los cuartos de final del viernes ante España.
En el primer partido contra Egipto, tan sólo necesitó 14 segundos, ni siquiera tocar el balón, para provocar el gol en propia puerta de su adversario cuando se dirigía a plena potencia a por el remate al borde del área pequeña, tras un pase raso desde la banda derecha. El único gol de su equipo. El empate en el marcador. La fórmula con la que Bélgica esquivó un inicio desalentador.
No estaba para un partido entero Lukaku, por cuestiones de ritmo y tanto tiempo sin competir, pero su irrupción en la primera jornada llevó a Rudi García a apostar por él desde el principio en la segunda. No marcó. Bélgica empató sin goles ante Irán. Todo o nada en la última jornada contra Nueva Zelanda, de nuevo con el delantero del Nápoles en el banquillo, con Charles De Keteleare de inicio, y con su efecto desde el banquillo.
En este caso no fue definitivo. Pero, igual que tardó 14 segundos en provocar el 1-1 ante Egipto, su entrada en el campo fue expresiva de nuevo: ingresó en el terreno en el minuto 84 y 25 segundos, en el 85:20 ya había anotado de cabeza el 4-1, también con un envío desde la derecha. En 55 segundos pasó del banquillo al gol, en la victoria por 1-5 contra Nueva Zelanda para asegurar el pase como primero del grupo G.
Aún fue más allá. En los dieciseisavos de final, entre la superioridad de Senegal, dos goles por delante en el marcador, y la inoperancia de Bélgica, él inició, peleó y culminó la acción del 1-2 que desató la remontada en el minuto 85.
Después fue el empate de Youri Tielemans, más el gol de penalti del centrocampista en el minuto 125 que bien pudo haber sido también de Lukaku, aunque cedió el lanzamiento desde los once metros a su compañero. Lukaku entró al terreno de juego en el descanso para jugar desde el inicio del segundo tiempo ante los problemas ofensivos belgas de entonces.
Y, en octavos, contra Estados Unidos, volvió a marcar gol desde el banquillo, imitando en su celebración el baile de Donald Trump, presidente estadounidense, tras toda la polémica que rodeó al partido, por la suspensión de la sanción al atacante norteamericano Folarin Balogun (Trump admitió haber llamado a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para revisar esa sanción inicial de un partido).
Lukaku entró al partido en el minuto 66 y 50 segundos. En el 92:24 anotó el 1-4 para su selección, después de 25 minutos y medio de juego sobre el campo del atacante, que, según cuenta, hace un análisis de todo lo que sucede en el partido desde el banquillo para aconsejar a sus compañeros o para explorar los defectos defensivos que ha observado del rival cuando le toca entrar al terreno de juego. Contra España, también apunta a ello.
