El 25 de abril de 2024, después de 133 partidos, Fernando Muslera cerró su carrera con Uruguay. Anunció su adiós cuando ya no entraba en las convocatorias. No jugó ni un partido del Mundial de Catar 2022 y dio un paso a un lado. Sin embargo, tras una ausencia de 36 encuentros, volvió para ser el titular de Marcelo Bielsa en el Mundial y convertirse en uno de los más señalados de su selección.
El regreso parecía una de esas historias que le gustan al fútbol. Un veterano que se resiste a desaparecer, un portero histórico que recibe una última llamada cuando todos pensaban que su tiempo había pasado. Pero las segundas oportunidades son caprichosas. A veces llegan para agrandar una leyenda y otras para ponerla a prueba.
Uruguay afronta ahora un partido decisivo frente a España después de empatar con Arabia Saudí (1-1) y Cabo Verde (2-2). La clasificación para los dieciseisavos de final pende de un hilo y una parte del foco apunta hacia la portería. Allí está Muslera. Y en el banquillo, esperando su turno, Sergio Rochet.
El adiós que parecía definitivo
La historia reciente parecía haber elegido ya al sucesor. Rochet fue el hombre escogido por Diego Alonso para defender la portería uruguaya en Catar 2022. Mientras tanto, Muslera observaba cómo se acercaba el final de una etapa iniciada en 2009 y prolongada durante cuatro Mundiales.
Él mismo creyó que había llegado el momento de marcharse. "Después del Mundial de Qatar 2022 entendí que mi etapa en la selección estaba terminada. Es una etapa que cierro yo. Tuve una comunicación con Marcelo Bielsa en este tiempo y desde antes de la charla con él yo ya había tomado esa decisión", dijo en abril de 2024 después de once ausencias de las listas de su seleccionador.
El giro de Bielsa
Parecía una despedida definitiva. Una más de las muchas que el fútbol va dejando por el camino. Pero cuatro años después apareció Bielsa para alterar el guion. "Muy feliz por la convocatoria, en estos cuatro años pasaron muchas cosas a nivel personal que me hacen cambiar de decisión y abrir puertas nuevamente", expresó Muslera tras reaparecer en marzo, a tres meses del inicio del Mundial.
La decisión generó debate en Uruguay. No tanto por la figura de Muslera, uno de los futbolistas más importantes de la historia reciente de la Celeste, como por lo que representaba. Uruguay tenía heredero. Rochet había sido titular en la Copa América de 2024 y en buena parte de las eliminatorias sudamericanas. Parecía preparado para asumir definitivamente el relevo.
Sin embargo, Bielsa prefirió mirar hacia atrás antes que hacia adelante. Apostó por la experiencia, por la jerarquía y por un guardameta que ya había cerrado la puerta de la selección desde dentro. Hasta ahora, la apuesta no ha salido bien.
Rochet espera
Muslera ha quedado señalado en los dos encuentros disputados por Uruguay en el Mundial. Especialmente frente a Cabo Verde, cuando protagonizó una de las acciones más desafortunadas del torneo. Una salida defectuosa tras un pase comprometido de Mathías Olivera permitió a Helio Varela firmar el empate que terminó complicando la vida al conjunto sudamericano.
La escena tuvo algo de símbolo. Mientras Muslera intentaba resolver una jugada que terminó con el foco apuntando a su figura, Rochet observaba desde el banquillo. El presente y el futuro compartiendo la misma fotografía.
Bielsa justificó el regreso del veterano guardameta porque lo consideraba "un ejemplo en todos los aspectos". Nadie discute esa condición. Durante años sostuvo a Uruguay en noches grandes, en eliminatorias imposibles y en partidos que forman parte de la memoria colectiva de su país.
Pero los Mundiales rara vez conceden espacio para la nostalgia. Uruguay llega obligada a ganar a España y con una pregunta que hace apenas unos meses parecía impensable: si el hombre que volvió del adiós seguirá siendo el elegido para defender una portería que ya parecía tener dueño.
