El quiebre entre el presidente de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), César Salinas, y su vicepresidente, Robert Blanco, es un hecho. El pedido de renuncia al titular de Destroyers, Carlos Blanco, fue uno de los motivos para que el malestar salga a la luz. Cabe recordar que el voto del dirigente cuchuqui llevó a Salinas al sillón principal del balompié nacional.
Robert llegó hasta las instalaciones de Destroyers para conversar con su hermano y tratar de calmar las aguas tras las declaraciones de Salinas. “Es inadmisible que un presidente de una federación esté pidiendo la renuncia de un titular de un club”, disparó el directivo nacional. Además, le recordó a Salinas que su cargo es pasajero.
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