La Selección nacional murió de pie este miércoles en Monterrey. La ilusión de llegar al Mundial de 2026 se hizo pedazos en el último escollo. Al final Irak se quedó con el último boleto al torneo que organizan Estados Unidos, Canadá y México.
El equipo terminó fundido porque luchó, dejó la vida en la cancha. Las lágrimas de los jugadores al final reflejan una impotencia de haber quedado fuera en el último tramo.
Nada que reprochar a ninguno de los que estuvieron en la cancha y a aquellos que no fueron tomados en cuenta para esta final.
En ese intento hubo rendimientos altos como el de Moisés Paniagua, autor del gol del transitorio empate con una bonita definición a los 38 minutos.
Cerca del final estuvo a punto de anotar el segundo. A pura gambeta, se abrió camino y llegó hasta el fondo y el arquero contuvo.
Luego otra definición suya rebotó en una pierna de un rival cuando parecía que la pelota iba al arco.
También buscó Miguel Terceros, pero estuvo bien controlado, siempre hubo alguno cerca para presionarlo y no dejarlo jugar. En el sexto minuto de adición de la primera parte casi se manda un golazo. Su fina resolución fue enviada al tiro de esquina por el arquero.
Ramiro Vaca también tuvo lo suyo hasta que quedó fundido y fue reemplazado.
Guillermo Viscarra fue el protagonista de la atajada del partido a los 9 minutos al poner una mano y sacar al tiro de esquina un tiro libre. En los goles no tuvo responsabilidad porque quedó expuesto.
La defensa comandada por Luis Haquin y Efraín Morales supo reponerse de la falta de cobertura en los dos goles.
Queda el consuelo de que hay equipo, una base para seguir intentando.
El fútbol da revancha y pronto se abrirá una nueva ilusión por ver de nuevo a Bolivia en un Mundial.
