¿Ya aprendiste español?, le pregunta el taxista Paulo Roberto Bezerro a su compañero, parado también en un semáforo. ¡Portuñol!, le contesta este, entre risas. Y es que Rio de Janeiro fue tomada por hinchas de Boca Juniors, en busca de su séptima Libertadores el sábado ante Fluminense. Los colores azul y amarillo del equipo argentino bañaban el jueves la playa de Copacabana, presidida en la calzada por un gran reloj negro con la cuenta atrás para el partido continental más importante del año, en el templo del Maracaná. Con amigos y mucho sacrificio, Gonzalo Llapur viajó en auto durante 38 horas desde la provincia de Santiago del Estero (norte). Vinimos a pesar de la situación que tenemos en Argentina en lo monetario y que todo nos sale mucho más caro, dice este comerciante, de 38 años. Somos una locura. No tenemos entradas, pero acá vamos a estar, apoyando desde la playa, dice, antes de ponerse a bailar y a cantar sobre la arena: Quiero la Libertadoreees..., lo que contagia a decenas de xeneixes alrededor, que se despegan de la toalla y entonan el cántico al unísono. La alcaldía de Rio espera hasta el sábado a más de 100.000 aficionados del Boca Juniors, pese a que la Conmebol solo puso a la venta unas 22.000 entradas para los hinchas de cada equipo en el Maracaná, con capacidad para unos 79.000 espectadores. - Dimisión por pasión - La porteña Marina Simonet ya es casi una institución del Xeneize desde que dimitió de su trabajo para apoyar a su equipo en la vuelta de la semifinal contra el Palmeiras, el mes pasado en Sao Paulo. Trabajaba en una oficina y no me daban los días para viajar a Brasil. Son cosas que pasan, resume, tras posar con otros hinchas a la orilla del mar con una bandera que reza Abrazada a la ilusión que me condena. ¡Lo que uno siente! Llegar a esta instancia y lo que va pasando, nervios, frustraciones, gastos..., expresa esta mujer, de 43 años, tan segura de su Boca que compró el billete de avión a Rio dos meses antes de que se definieran los finalistas. - El intruso del Fla - Nelly Salomón parece llevarse el récord entre sus compatriotas presentes: viajó 51 horas en autobús desde la provincia de Tucumán (noreste). Esta joven, de 23 años, apenas una niña cuando el equipo boquense ganó su sexta Libertadores en 2007, está convencida de la victoria del once de Jorge Almirón ante Fluminense, que solo disputó una final del torneo (2008), y la perdió. Esta final es de nosotros pero será por penales, a lo Boca, sufriendo hasta el último minuto, dice de un equipo que desde los octavos avanzó en el torneo en la definición desde el punto blanco. Con camisa xeneixe, Roberto Oliveira se delata en portugués: es flamenguista. Este policía, de 40 años, voló desde el estado brasileño de Roraima (norte) por la legítima razón, defiende, de apoyar al Boca ante el Flu, rival carioca del popular equipo rubro-negro. Claro que apoyamos a un equipo argentino, en Brasil todos van contra Flamengo", dice Oliveira, quien no quiere ni pensar en la posibilidad de que el "Fluzao alce su primera Libertadores. - Feliz paseo - A pocos metros de la concentración xeneixe, un pequeño grupo de hinchas tricolores, instalados tranquilamente en sillas de playa, observa la fiesta argentina con filosofía. Está bien que disfruten. Pero espero que se vayan tristes. Felices por el paseo, pero la Copa se queda aquí, dice Mateus Mureci, de 27 años, llegado de Espirito Santo (sureste) para borrar de una vez los malos recuerdos que le traen la final perdida de 2008, contra Liga de Quito. Entre tanto, el taxista Bezerro se pregunta hasta cuándo permanecerán los argentinos en Rio. En la última gran invasión, los hinchas de la Albiceleste coparon la ciudad para el Mundial de 2014. Las autoridades tuvieron que repatriar a decenas porque no tenían cómo pagarse la vuelta recuerda.
