Por: Sergio Galarza – exarquero de la Selección boliviana La altura no juega sola. Esa frase, tantas veces repetida, se volvió a comprobar este martes en el estadio Villa Ingenio, donde Bolivia venció 2-0 a Chile.
Desde el inicio, Bolivia impuso condiciones. Sin regalar la pelota ni abusar del pelotazo, el equipo se paró con inteligencia.
El primer gol fue una joya colectiva: pase filtrado, de Efraín Morales que rayó a gran nivel, desborde preciso y mejor asistencia de Diego Medina que encontró a Miguel Terceros solo entre el área grande y punto penal y este con gran jugada logra una definición certera.
El autor, uno de los más jóvenes del equipo que no tembló ante la presión. En ese momento, el estadio explotó. Era más que un gol. Era una declaración: Bolivia está viva y quiere ser respetada jugando en casa.
La expulsión de Lucas Chávez fue punto de quiebre en la primera mitad, permitió que Chile, equipare un poco las acciones, igualmente mostró una preocupante falta de ideas. Con un equipo partido, sin conexión entre líneas y con poca rebeldía, ni los intentos individuales pudieron cambiar el rumbo del partido.
El segundo gol boliviano, ya en el complemento, donde nuevamente la figura de Miguel Terceros se hacía presente en una corrida fiel a su estilo. Pelota cerca del pie y zurdazo buscado el segundo palo del arquero chileno de floja respuesta y cediendo el rebote corto a un Enzo Monteiro, que aparece bien ubicado en zona de 9 donde tiene que estar el goleador. El atacante boliviano define con tranquilidad y gran capacidad dando un golpe de nocaut y dejando en evidencia el desconcierto de los visitantes.
La victoria reconforta y mantiene viva la esperanza de poder llegar al repechaje mundialista, no dependemos de nosotros; está claro, pero mientras haya posibilidades es evidente que los de Villegas seguirán dando pelea.
