La carrera del destacado zaguero central surgido en Destroyers, que saltó a la fama en Oriente Petrolero y se consagrara en Rosario Central de Argentina, pasando luego por equipos de Arabia Saudita, México e Israel, hasta acabar en el club Bolívar, no se asemeja, ni por asomo, con el desempeño del criticado presidente de Oriente Petrolero.
El mandamás de refineros, hoy suspendido por el Tribunal de Ética (vaya uno a saber hasta cuándo), es la contracara del eficiente defensor central que luciera el cintillo de capitán en la selección boliviana durante más de una década.
El otrora "gran capitán, idolatrado en su momento por hinchas albiverdes ávidos de figuras representativas cada vez más escasas, que conquistara corazones bolivianos por enfrentar a Lionel Messi, haciéndole la parada al astro en un Bolivia-Argentina con un 'face to face' en la Copa América 2011, es hoy rechazado hasta por quienes lo ayudaron a erigirse como presidente de Oriente pasando por alto irregularidades reglamentarias para su elección.
Su figura se fue deteriorando de a poco, minada por el aumento vertiginoso de una deuda que tiene a maltraer a la entidad albiverde, los malos resultados que llevaron a Oriente al borde del descenso, la calesita de entrenadores que van y vienen, más una peligrosa pérdida de identidad y orgullo.
Por último, el vergonzoso final de escena, reconociendo una conspiración contra el presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, Fernando Costa, que lo expone como si fuese un títere de los pocos colaboradores que le quedaban.
Del RR16 que dejó el fútbol en 2019 y se transformó en dirigente, queda una imagen deslucida, expuesta. Innecesariamente, al maltrato y el desprestigio.
Triste y solitario final para un gran jugador de fútbol al que Oriente le quedó grande como presidente.
