El templo del fútbol brasileño busca nuevo dueño. El gobierno del Estado de Río de Janeiro decidió incluirlo en una lista de propiedades que serán subastadas para aliviar su complicada situación financiera. La noticia encendió la polémica en todo Brasil, donde muchos consideran al estadio como parte del alma del país.
El recinto, que hoy comparten Flamengo y Fluminense, es propiedad estatal y figura entre los activos que se ofrecerán al mejor postor. La medida surge en un contexto de urgencia económica: Río de Janeiro debe cubrir una deuda cercana a los 1.890 millones de euros con el Gobierno Central antes de 2026.
Desde la Comisión de Constitución y Justicia de la Asamblea Legislativa (Alerj) se confirmó que la decisión fue aprobada en reunión interna. Su presidente, Rodrigo Amorim, explicó que el mantenimiento del coloso representa un gasto difícil de sostener: “El Gobierno invierte unos 160.000 euros por partido en el Maracaná”, señaló.
El objetivo, según Amorim, es reducir los costos y garantizar una administración “más eficiente” de los espacios públicos. En ese sentido, el plan contempla también la venta del complejo deportivo, lo que podría generar cerca de 320 millones de euros, según estimaciones del mercado.
Aun así, la propuesta ha despertado una fuerte reacción entre la ciudadanía, exjugadores e incluso dirigentes del fútbol brasileño. Para muchos, vender el Maracaná sería como vender una parte de la historia nacional. No solo es un estadio: es el escenario de los goles de Pelé, las finales de Copa del Mundo y las emociones que marcaron generaciones.
